A COMER

El verano. El veranooooo. ¡Qué bonita la estivalia! Con su calor y su sol; sus guiris caminando por nuestras monumentales ciudades. Con monumentales guiris paseando por nuestras playas y con hordas de asiáticos gastando las piedras de nuestros ancestros a base de píxeles.

El verano. El momento en el que, como en Navidad, renovamos nuestras convicciones y ganas de mejorar. Tras el descanso, o durante, evaluamos nuestra vida y pretendemos modificarla para bien a base de reales decretos, de intenciones bienintencionadas que son como el sol del verano: Brillante y que se esconde bajo la espuma de mar. Su luz es una ilusión bajo la luna.

Y, como es habitual en estas fechas, los equipos de fútbol renuevan las plantillas. ¡Qué gozoso espectáculo! Los aficionados atronan desde las gradas a los jóvenes gladiadores del balón. En ellos, todas las esperanzas de que este año sea mejor que el anterior; será mucho mejor el juego, la entrega y las promesas hechas por los que acaban de llegar…

Me suena. Todos los años ocurre lo mismo. Con una sonrisa falta de inteligencia y plena de subvención publicitaria, escuché lo mismo hace dos, tres, cuatro, etc, etc años.

Las camisetas han cambiado pero el discurso no.

Los héroes de pretéritas campañas se hicieron compós para fertilizar a los cracks del año presente. Sus botas de tacos se hunden en un verde césped y hacen sangrar con sus cifras a todas las conciencias que vemos repetirse el espectáculo una y otra vez.

El fútbol, como metáfora del consumo: Como el devorador de la Odisea, Polifemo, sigue alimentándose de la carne y sangre frescas que aportan las ligas del sur para solaz y esparcimiento de los aburridos y sesudos filósofos del fútbol en el primer mundo.

Alimentando la vacuidad de los que se sienten insultados por cuestionar esta religión oficiada por once jugadores por banda, de los cuales importa su nombre en tanto están de moda… Insultado por los directivos que prometen lo máximo en tanto ellos sigan ingresando ingentes cantidades de dinero.

A comer. Vamos a comer. Bendiciendo la mesa con el himno de cada equipo antes de empezar el partido.

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