¿PARA QUÉ?

Los límites están para superarlos. Ya sean líneas fronterizas reales o imaginarias, podemos cruzarlas; de ese modo, vamos creciendo entre dolores articulares y conflictos. En ese vaivén de la marea en la que muchas veces se constituye la vida, intento mantener mi identidad y mis criterios como cimientos en roca: Para demostrarme que tengo fundamento, que no soy un balarrasa. Por ir desgranando la cuestión, tengo claros cuáles son los parámetros que gobiernan en los temas importantes, vertebrales, troncales y transversales; estos son la familia, el trabajo, el credo y demás cuestiones administrativas. La familia como sano contexto de formación en valores y afectos: Lugar donde se cometen las mayores aberraciones educativas en nombre del amor, pero que es abrigo en tiempo de tormenta. El trabajo como dignificador de la vida, aporte económico necesario para la existencia y posibilidad de contaminación con aquellos con los que nunca entraría en contacto por iniciativa propia. Por último está el credo. Es el conjunto de valores y actos que pretenden dar transcendencia a la vida teniendo en cuenta a los que están a mí alrededor como iguales. Las experiencias personales van haciendo de ese conjunto un motor de cambio a todos los niveles por cuanto que se constituyen en efectivísimo mutágeno de mi comportamiento y de mis actitudes. Para bien o para mal, me abren la mente o me la blindan frente a posibles contrarreformas venidas del exterior. ¡Chico rollo el que acabo de contar! Porque, todo lo que he relatado es sólo eso, un relato, un cuento chino, un epitafio de tumbas, reseña necrológica si, por creer que todo lo que creo, es real sólo por planteármelo a nivel ideológico. Porque a pesar de tener una sólida formación judeocristiana y tener herramientas eficaces para discernir el bien del mal, falto al amor primero, condeno como juez de la Audiencia Nacional, y nado en la complacencia de saberme mejor que muchos. De nada me sirve si no hay amor en mí. No hay un solo instante en el que pueda bajar la guardia porque la justicia es para los vivos. Si me permito ser injusto, es que he contenido la respiración, me he muerto un poquito para resucitar más tarde un poco más condescendiente con la mediocridad y mucho más lejos del proyecto de fraternidad del Evangelio.

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1 respuesta

  1. Ana María Muñoz Portilllo dice:

    Hola Chito! Soy Ana de San Fernando.

    Tengo ganas de saber cosas de ti, un beso y abrazo

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