ES MÁS FÁCIL

Llegué tarde. Encendí la tele para ver las noticias y me encontré con los “ecos de sociedad”, donde los felices mediáticos muestran su cosmética felicidad, gimnástico tesón: Su perfecta ortodoncia. ¡Cachis! Por un momento me resultó extraño. No ver una decapitación en nombre de Dios, un suicida inmolándose en un mercado, un pueblo arrasado por el ejército de un anacrónico califato: Me pareció rarito. Tengo el cuerpo hecho a tamañas atrocidades y parece que no pasa nada. Pero, por más que me acostumbre a desayunar carne humana, mi corazón se esclerosa, infarta y muere por él mismo, como si pudiera sentir como ente individual: Como si no fuera capaz de digerir tanta barbarie. Son las grandes guerras fruto de las pequeñas. No se comprende una carnicería de globales dimensiones si no soy capaz de evaluar y solucionar las pequeñas guerras que van haciéndose cada vez más grandes hasta hacerse violencia. ¡Con lo chico que nació nuestro odio, nuestra fobia, nuestra incontrolada y furibunda incomprensión a cosas, personas y situaciones que sólo requerían un momento de sosiego, de diálogo…! Y me pregunto por qué. ¿Qué es aquello, de qué carecemos, para permitir que sea humanamente posible el sacrificio de un solo ser humano? Todos tenemos en la memoria algún conflicto que está sin resolver… No seré un simplón. No puedo evitar las muertes de tantos que se merecen ser felices como me lo merezco ser yo. Mas, si me permito el lujo de no ser misericordioso, de instalarme en la máxima justicia, que es la mayor injusticia por no tener en cuenta al individuo, doy alas a Marte, dios de la guerra, que empozoña mi alma y la pinta de negro, envuelve mis ojos con un pañuelo. Podría hacer un ejercicio mental y poner pies a todas las contiendas que hay actualmente. En el Este hay recursos energéticos y por eso el ultranacionalismo superpotente no quiere que sea libre. En oriente medio, hay tanta pobreza, tanta falta de educación que cualquiera se torna califa e incendia la primigenia mecha del odio en nombre de Dios. En la capital de los dos estados, se cuece la limpieza étnica por él antiguo derecho a ser el pueblo elegido… Siempre estalla la guerra porque es mucho más fácil gastar dinero en armas que perdonar, comprender. Es francamente sencillo arengar a las tropas. Mucho más difícil predicar la paz con el ejemplo, misericordioso ejemplo.

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