EN EL NOMBRE DEL PADRE

Todas y cada una de las acciones del ser humano tienen un porqué. Puede que al resto de la especie las mías les parezcan peregrinas y absurdas, pero tienen un fundamento: Son respuesta a las preguntas que manan de lo profundo: De lo más genuino y verdadero: De lo más mío.
Es por ello que, yendo en contra de mi criterio; juzgando desviadas algunas acciones, tengo que admitir que no puedo, ni debo, inferir sobre los actos de mis hermanos de raza.

Así, he de comprender el acto por el cual un hombre se despide de su mujer e hijos y se viste de cadáver para inmolarse volando por los aires su propia existencia y la de todo el que esté en un radio de diez metros. Lo hace porque cree que es lo mejor que puede hacer. En lo profundo de su ser, está siendo honrado.

Como aquel padre que cruza el umbral de su casa para ir a despellejar a cualquier incauto porque el antropófago Dios dinero necesita seguir alimentándose. Las víctimas lo son de la pulsión del tener, gusano en el anzuelo, y los acólitos del Dios mercader, pescadores a comisión.

Y sin conciencia ni razones parten los soldados a la lucha de los que, como si de un videojuego se tratara, miran de reojo como los peones de un lado del tablero capturan a los del otro bando. Nunca mancharán con su sangre los campos los ideólogos de la limpieza étnica ni religiosa.

Y todos lo hacen en el nombre del padre. El padre que desde su interior les empuja a hacer las cosas que hacen. La autoridad que les permite volver al canibalismo, propio o en carne ajena, para instaurar un régimen donde no hay inteligencia ni memoria. Aquel que se instala en el bucle por el cual todo vuelve, pero no aprende de propios errores.

No hay que matar al padre. Hay que ser misericordiosos con quien es esclavo de tan primigenia voz. Si tenemos algo mejor, pongámosle música de cambio y existamos como si pudiéramos aprender.

Y cambiar.

Vivir como si todos pudiéramos hacerlo sin víctimas, con dignidad.

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1 respuesta

  1. vicente morales gómez dice:

    Todas y cada una de las acciones del ser humano tienen un porqué. Puede que al resto de la especie las mías les parezcan peregrinas y absurdas, pero tienen un fundamento. El conocimiento y la supuesta convicción de lo que decimos en este párrafo, nos obliga a cuestionarnos cada vez que algo interior no nos tiene en la paz que quisiéramos para todos.

    Es una consecuencia obligada de lo que pensamos, que además nos conviene y nos hace crecer a solas y juntos.

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